“La gente viene hasta aquí para perderse de todo”, nos cuenta nuestro “capitán”, un hombre robusto, bigote poblado y de piel tostada por el sol, que ríe al contarnos sobre Paulina Rubio y la dicha que tuvo de cargarla del bote hasta la zona fangosa de la laguna de Tres Palos en Acapulco. Hace años que sucedió la historia y él la sigue recordando con picardía y naturalidad, los mismos sentimientos con los que nos da la bienvenida a su “crucero”, una lancha de miles de batallas que ha visto pasar estrellas, grupos de mochileros y cientos de turistas chilangos.

Por el Acapulco más real

Desde el primer vistazo, nos damos cuenta que la laguna de Tres Palos es un paisaje polivalente, repleto de casualidades y lugareños de ropa ligera. La cultura lanchera no es la misma que hace años. Los muchachos han dejado las barcas por los centros turísticos y las aguas parecen un tanto desoladas. Nada de eso quita hermosura a este paisaje que por unos minutos, nos pertenece. Y es que a pesar del tiempo y la invasión de nuevos complejos, este lugar sigue siendo un escape de tintes íntimos que gobierna el alma y cuerpo.

laguna de Tres PalosLa laguna de Tres Palos se encuentra dentro de la zona de Barra Vieja, una de las zonas más antiguas de Acapulco. La grandeza de su cuerpo es tal que abarcaría tres veces a la bahía de Santa Lucía. Mide alrededor de 15 kilómetros de largo por 5.5 kilómetros de ancho. Aunque sus aguas son poco profundas, existen diversos canales donde pueden alcanzar hasta cuatro metros de profundidad.

Laguna de Tres Palos“Quien diría que Cantinflas navegó por estos canales” dice un compañero de viaje mientras nuestro guía asiente con la cabeza y repite continuamente. La laguna ha sido escenario de diversas producciones cinematográficas como parte del acenso de Acapulco como el mejor centro vacacional de México durante muchos años. Y ahora entendemos porque.

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Paisaje de tonalidades

El lento caminar de la lancha nos hace apreciar la calma y bravura de estas aguas. Es difícil ver el fondo debido al color verdoso del agua gracias a la vegetación de la zona. Una razón más para darnos cuenta que estamos en un sitio totalmente diferente a lo que podríamos esperar. Conforme avanzamos, vamos dejando atrás el canal principal para incorporarnos a uno más pequeño. Una vena que parece abrirse cuando las vibraciones del motor del bote se acerca. Por un momento, nos sentimos observados. La cantidad de patos, pelicanos y garzas nos ven pasar a la par que extienden sus alas y deciden salir de la zona.

Laguna de Tres PalosLa pequeña desviación nos lleva a un espacio que bien podría ser el corazón de la laguna. “Esas son marcas de los pescadores”, nos contesta nuestro guía al preguntarle por los largos palos de madera enterrados en el suelo lodoso de la laguna. Las dos barcas que componen nuestro viaje deciden hacer una pequeña parada para que podamos observar la enorme población de lirios que flotan en la superficie. Un valiente acompañante, baja del bote y nos damos cuenta que el agua apenas roza sus piernas. Sacamos fotos, tramos de alcanzar una de ellas y partimos de regreso.

Tesoro acapulqueño

El viaje de regreso parece más rápido mientras observamos algunas cosas que perdimos de vista en la ida. Decenas de restaurantes y una que otra choza, cuelgan a la orillas atrayendo turistas de todo el mundo. Las mil y una anécdotas del “capitán” nos revelan indirectamente que la cultura lanchera no ha pasado de moda. Sólo se transformó. El grupo de norteamericanas son ahora familias del centro de México. Su trabajo se aprecia más que nunca y la laguna lo agradece.

laguna de Tres PalosLuego de una hora de historias, fotos y carcajadas que ahuyentaron a un par de cangrejos que nos salieron a saludarnos, volvemos a la orilla de la laguna de Tres Palos. Agradecemos a nuestro guía acapulqueño que nos despide con alegría. En el último paso, nos dice con gracia y un poco más de confianza: traigan a sus amigos, acá siempre vamos a estar.

La laguna se localiza a unos 30 kilómetros al sureste de Acapulco. La mejor forma de llegar es en un autobús que corre por la Costera.