México, mi amor es la canción que los seleccionados alemanes dedicaron a nuestro país en el Mundial de Futbol de 1986, tras quedar enamorados de la hospitalidad y el encanto mexicanos. Porque todos sabemos la importancia de las relaciones con el país teutón, pero estas trascienden más allá de lo económico, político o deportivo.

Los mexicanos somos así, queremos a quienes nos quieren, conquistamos a aquellos que nos conocen y siempre tenemos los brazos abiertos para todos. Y la verdad es que los alemanes han sabido ganarse un lugar especial en nuestro corazón. Prueba de ello es el Goethe-Institut Mexiko, el lugar en donde no sólo se aprende el idioma; sino que es un verdadero acercamiento a la cultura alemana. A través de sus 50 años en tierras aztecas, ha demostrado que, si bien podría pensarse que somos lados opuestos de una moneda en cuanto a personalidades, y aunque son muchas las diferencias, compartimos una gran cantidad de características en común y otras que, simplemente, parecen complementarnos.

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Puntualidad y dedicación

Primer aspecto: la puntualidad. Los mexicanos no somos famosos por seguir al pie las indicaciones del reloj; los alemanes tienen muy presente que, como muestra de respeto hacia los demás, ser puntuales es imprescindible. Y aunque nosotros debemos esforzarnos por adquirir esa cualidad, sabemos compensarlos al tener tanta creatividad y la capacidad de actuar con calma ante momentos de tensión, cosa que ellos aprecian mucho. De ahí que nuestros vínculos comerciales sean tan exitosos. No por nada el Goethe-Institut trabaja con casi 70 organismos culturales en nuestro país.

Este sería un segundo punto, la entrega y pasión con la que realizamos nuestras actividades. Desde compartir el respeto por el trabajo hasta el amor por el futbol, aquí se nota que ambos sabemos comprometernos y dedicarnos de lleno a una actividad. Tienen un lema que reza “en tanto que otros trabajan para vivir, el alemán vive para trabajar”. Demostrándolo en sus extraordinarios grupos de teatro y danza, a los que podemos encontrar en la calle Tonalá de la colonia Roma; pues el Goethe-Institut se ubica ahí desde abril de 1966 –15 años después de crearse como sucesor de la Deutsche Akademie–.

Humor, chocolates y cerveza

El tercer ejemplo sería el sentido del humor. Alemanes y mexicanos adoramos reír y hacer que otros rían con nosotros. Esto es porque ambos somos honestos y abiertos a tratar cualquier tema. Por ello se dice que en México sabemos reírnos hasta de la muerte y en Alemania hay una palabra para nombrar todo. Sin embargo, ellos son más directos y concretos. Pueden decir sí, no y “no luces bien con ese vestido” sin dificultad. Mientras que nosotros adornamos todo y nos gusta dar una que otra vuelta al tema; nuestros amigos teutones suelen ser más precisos, concisos y breves. A menos que se trate de cerveza, carne y chocolate, eso sí no es ningún mito, ¡es un hecho!

Estar sentados a la mesa en compañía de un alemán, es toda una experiencia. Si verlos comer todo ese chocolate hace que a todos se nos antoje probarlo, y al pedir una porción tras otra de carne nos invitan a pedirla también; la manera en que disfrutan la “bier” tiene que ser una de las causas por las que a nosotros también nos guste. Aunque ellos suelen ser muy apegados al tipo de cerveza que se produce en su región natal; ya que cada lugar en Alemania tiene su propio estilo.

Eso nos lleva al siguiente inciso, estamos extremadamente enamorados de nuestros países. Ellos están orgullosos de la Calidad Alemana, pero nosotros sabemos que no hay nada mejor que lo 100% mexicano. Por cierto, para conocer más sobre la esencia alemana, el Goethe-Institut Mexiko cuenta con una cineteca que posee más de 800 filmes subtitulados al español y una extensa biblioteca con un excelente sistema de préstamo digital.

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Goethe-Institut: con México y Alemania en el corazón

 

Finalmente, el punto que nos queda por tratar es que ambos somos extremadamente sentimentales; capaces de expresar un cariño profundo. Esas representaciones que los muestran fríos y algo rígidos no podrían estar más equivocadas. Lo cierto es que son bastante efusivos y sinceros respecto a lo que sienten. Si bien les falta nuestro talento para poner ojitos de borrego a medio morir; cuando demuestran sus emociones te hacen partícipes de ellas, porque son generosos y su cortesía rápidamente se convierte en amistad.

Para muestra basta recordar el evento que tuvieron a puertas abiertas para celebrar los 50 años del Goethe-Institut en México; en los que se ha mantenido activo y presente. Sin limitarse a los cursos básicos, avanzados y especializados de idiomas o la oferta cultural y artística; el instituto se ha convertido en un puente de unión entre ambas naciones y un referente de su relación de amistad y compromiso.