Fue en 1541 cuando Tlaxcala comenzó a brillar. El pequeño estado recibió el milagro de la aparición de la Virgen con el fin de levantar un santuario para su adoración. Un recinto de pilares blancos y una fachada salpicada de tesoros barrocos. De esta manera nació la Basílica de Ocotlán, el despertar de la fe tlaxcalteca que se ha convertido en uno de los centros de peregrinaje mariano más importantes de México.

Luz celestial

La Basílica de Nuestra Señora de Ocotlán es uno de los tesoros más preciados de Tlaxcala y de todo México. Su leyenda representa gran parte de la tradición tlaxcalteca que perdura hasta la actualidad. La aparición se llevó a cabo en Ocotlán en la primavera de 1541. Un humilde campesino llamado Juan Diego Bernardino, recibió la revelación divina de la Virgen para construir una iglesia donde sanaría a todos los enfermos.

Fue así como la construcción del santuario dio inicio en 1687 bajo las órdenes del padre Juan de Escobar. Se contó también con la participación de Manuel Loayzaga quien revistió los retablos y camarines. Asimismo, el capellán José Meléndez colaboró con la fachada del sitio.

Vista del interior de la basílica de Ocotlán en TlaxcalaLa Basílica de Ocotlán no sólo representa la pureza de la fe tlaxcalteca, es también un símbolo eterno del barroco estípite o churrigueresco. Cuenta con un efecto visual impresionante logrado por una caña que divide el espacio en tres. Su fachada, una de las más ricas en todo el país, está compuesta de un trabajo artesanal de ladrillo y argamasa.

Vista de la fachada de la basílica de Ocotlán en TlaxcalaEn su interior, se puede observar una llamarada de claroscuros que remiten a la alusión de aparición de la virgen. Cuenta con detalles pronunciados de oro además de ascuas doradas. Alberga de igual manera lienzos, lámparas de platas y muebles tallados de madera. Hoy en día, sus historias en torno a ella aumentan la misticidad del sitio recibiendo a más fieles cada día.

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