La comunidad de Huasca de Ocampo posee un asombroso atractivo natural: los Prismas Basálticos. Sin embargo, no es todo lo que puedes disfrutar en este Pueblo Mágico del estado de Hidalgo. Hermosos paisajes, gastronomía deliciosa, gente encantadora e incontables recuerdos te esperan en la aventura que representa conocer este lugar. ¿Preparado?

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Conociendo Huasca de Ocampo

Huascazaloyam es un vocablo náhuatl que significa “lugar de pájaros, agua, vegetación y alegría”. De ahí proviene el nombre de este Pueblo Mágico del estado de Hidalgo. Se le agregó “de Ocampo” en memoria de Melchor Ocampo; quien vivió en este sitio al huir de la represión de Antonio López de Santa Anna en la Ciudad de México en 1850.

En nuestro recorrido no pueden faltar la Exhacienda San Miguel Regla, que data del siglo XVIII, y la Exhacienda de Santa María Regla, que no sólo fue la residencia de Pedro Romero de Terreros, primer Conde de Regla; también fue la primera hacienda de beneficio de plata en esta región.

Luego toca el turno a El Huariche, un desarrollo ecoturístico y piscícola ubicado en la población de Ojo de Agua; en su bosque de encinos se puede acampar o rentar cabañas. En el Zembo los viajeros también disfrutan de actividades al aire libre. Y en el Bosque de las Truchas se puede pescar la famosa trucha arcoíris, al igual que en la Presa de la Cruz; donde los habitantes cocinan los ejemplares que pesques.

Siguiendo con el tema del ecoturismo, otra opción es la Peña del Aire, una gigantesca roca de basalto que pareciera flotar. Pero la mayor atracción son los Prismas Basálticos; espectaculares columnas geométricas junto a la Presa San Antonio y su increíble cascada de 40 metros. De hecho, desde ahí puedes atravesar en tirolesa la Barranca Alcholoya, una experiencia muy recomendable.

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A la hora de comer, no debes perderte los pastes de Huasca. Son empanadas de harina, mantequilla y sal, rellena de carne de res, papa y poro o cebolla. Su nombre deriva de la palabra pastry, que era el almuerzo de los mineros ingleses. También están las quesadillas tulancingüeñas; que se acompañan con naranjate, una bebida tradicional de jugo de naranja, miel de abeja, vainilla y alcohol de caña.