Las columnas parecen hombres sumamente alargados que sostienen el peso de los años. Las bancas, esquinas, puertas y figuras nos vigilan desde lejos mirando cada mueca de sorpresa que damos al avanzar. Apenas hemos dado algunos pasos y sentimos parte del profundo ambiente que gobierna este hermoso edificio de siglos, décadas y años: la Catedral de San Ildefonso en Mérida, Yucatán. Un lugar que te llevará hasta las entrañas de la historia eclesiástica de todo México.

Dónde todo comenzó

Indudablemente, la mejor descripción para entender un poco de este lugar proviene de su origen; fue la primera catedral levantada en tierra firme en el continente americano. Mencionamos tierra firme ya que antes de ella existía la Catedral de Santo Domingo, en la isla de la República Dominicana. De esta antigüedad, nos inundamos cuando avanzamos y observamos la Puerta del Perdón, un arco de medio punto, enmarcado por columnas pares a los lados. La iglesia fue construida por orden del Papa Pío IV, a petición del rey Felipe II, y encargada al Arzobispo de Toledo, San Ildefonso, de ahí su nombre. Durante los 37 años de construcción, el templo tomó el lugar de la capilla de San José. Finalmente, en 1598, fue inaugurada oficialmente aunque con el paso de los años, se le fueron añadiendo detalles y renovaciones.

Catedral de San Ildefonso, Mérida

Tratamos de adueñarnos de cada vistazo que lanzamos a la magnificencia de la catedral. A cada segundo, el aroma del pasado maya, se mezcla con los inicios de la iglesia católica en México. Algo que notamos en sus refinados detalles y su fachada de estilo renacentista. El edificio consta de tres naves: una central y dos laterales. Desde lo lejos, casi de cualquier punto de Mérida, se pueden notar sus dos grandes torres de cuerpo morisco.

Catedral de San Ildefonso

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Las leyendas cobran vida

Las leyendas rondan por todo el cuerpo de la Catedral de San Ildefonso y nos cuentan historias del pasado. Es en este momento cuando notamos la profundidad étnica y solemne de este palacio. Una simple voz, se reproduce en su cuerpo como si estuviéramos parados en una serie de cuevas rebotantes. Su construcción tomó diversas partes de la pirámides de la antigua ciudad de T’ho.

La hermosa catedral cuenta con tres capillas ubicadas en el costado norte: Cristo de las Ampollas, Capilla de Santa Ana y la Capilla al Bautisterio. Hasta 1916, existían las capillas de San José y del Rosario, las cuales fueron destruidas para separarlas de la catedral. Hemos dado vueltas pensando que este lugar es infinito hasta que nos topamos con el Cristo de la Unidad. Esta escultura se encuentra en el altar mayor y está hecha de madera de abedul. Tiene una altura de 7.65 metros y descansa sobre una cruz de madera de 12 metros. Nadie, absolutamente nadie, tiene mayor presencia en la catedral que este cristo que miramos con exactitud.

Catedral de San Ildefonso

Nuestros pasos nos guían a la salida donde alcanzamos a mirar un óleo de la Inmaculada que data del siglo XVIII. Asimismo, una pintura dedicada el cacique de Maní, Tutul-Xiu. Una vez afuera, el tiempo vuelve a su ritmo cotidiano. Nosotros también tratamos de volver a la realidad. Algo que se pierde cada que entras a la Catedral de San Ildefonso.

La catedral se encuentra en la calle 60, Centro Histórico, a un lado de la Plaza Grande. La puedes visitar de lunes a domingo de 7 a 21 horas. No tiene costo alguno.