Viajero y turista no debería ser entendido como sinónimo, pues se trata de dos especímenes que, aunque pueden llegar a emprender el vuelo al mismo destino, jamás vivirán la experiencia de la misma manera, pues mientras el primero se enrola hacia las entrañas del lugar que visita, recorriendo a pie los barrios y alejándose de las multitudes, el segundo es capaz de hacer fila con tal de fotografiar la atracción más importante de la ciudad.

Puede parecer un prejuicio, pero expertos en la materia aseguran que –efectivamente– existen dos comportamientos entre las personas que viajan, por la manera en la que se comportan, las cuales tienden a ser diametralmente opuestas.

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El viajero prefiere hacer cosas que los locales harían, hospedándose en hoteles lejos de los lugares turísticos o en sitios mucho más económicos, además de que no les importa probar los sabores de la calle. Sin dudas son mucho más arriesgados y tienden a enfrentarse con situaciones un tanto difíciles, especialmente porque se encuentran lejos de casa, sin embargo están convencidos de que este tipo de experiencias son esenciales para complementar su aventura y las historias que podrán contar a su regreso a casa.

Por otro lado, el turista no está menos interesado en conocer la ciudad o pueblo al que llega, sin embargo desea hacerlo desde su posición como extranjero o foráneo, sin perder la fila, el horario y a través de tours organizados. Generalmente tienden a gastar más que los primeros, debido a que se inclinan más por la comodidad que por la aventura.

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Por otro lado, otras posturas aseguran que a pesar de la diferenciación que se intenta hacer, al final todos somos turistas y ello no significa algo malo, pues ser viajero puede llegar a ser algo muy desgastante, razón por la cual existen muy pocos que pueden jactarse de ser verdaderos amantes de la libertad. De hecho –dice– es inevitable caer en esta categoría desde el momento en que deben abordar un vuelo y tienen agendada una entrada y salida.

Al final, se trata de hacer lo que realmente nos estimula; hay quienes ahorran toda su vida para poder viajar por mucho tiempo y quienes lo hacen para vivir una experiencia fastuosa, aunque el periodo sea corto. Sea como sea, cada una de estas posturas es completamente válida y de ellas se obtienen aprendizajes que, aunque diferentes, siempre complementan y estimulan nuestro crecimiento individual.