Ubicada a lo largo del río Usumacinta, justo en la frontera con Guatemala, se encuentra una arcaica ciudad maya que avivará hasta la más pobre de las imaginaciones. El sitio, llamado Yaxchilán, no es especialmente grande, pero se encuentra rodeado de una densa jungla, en donde escuchas el llamado incesante de los monos aulladores y en donde encontrarás ruinas cavernosas para explorar.

Yaxchilán

Sólo puedes llegar a Yaxchilán por medio de un bote, por lo que el viaje para llegar aquí es la mitad de la diversión. Pero una vez que llegas, sabes que te encuentras en un lugar especial. Tendrás completa libertad para explorar los increíbles dinteles de piedra, llenos de iconografía maya. Las estructuras de piedra se encuentran muy bien preservadas, con sus interiores llenos de un espeluznante silencio y plena oscuridad. Tal vez de repente sientas la necesidad y urgencia de correr por el patio lleno de verde pasto y sentir toda la naturaleza que se encuentra encapsulada en este lugar único.

El tramo más pesado, pero el que también ofrece la mejor recompensa, es aquel que te lleva a la llamada estructura 33, donde podrás observar desde la cima toda la isla, posiblemente sin ningún espectador a tu lado, pues es muy posible que tú seas el único turista en este lugar, dándote una sensación de soledad que no puedes apreciar en sitios similares como Chichén Itzá.

Dejando a un lado las fantasías y sueños arqueológicos, Yaxchilán es un sitio cultural impresionante. Las escenas talladas en la piedra, mostrando rituales de sacrificio tanto propios como de otros humanos, son sólo algunas cosas que han ayudado a especialistas en todo el mundo a entender la manera en que esta antigua civilización llevaba a cabo sus ritos religiosos y de cómo era el sentido y modo de vida de estas personas.