Los sitios arqueológicos se encuentran a lo largo y ancho de México, incluyendo el estado de Chihuahua y sus alrededores. Es en uno de estos sitios que se localiza el Pueblo Mágico de Casas Grandes, en la Sierra Madre Occidental. Descubre cómo esta tierra desértica guarda todavía un poco del misticismo que le dieron sus fundadores en el año 1565.

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Paquimé y Casas Grandes

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La historia de Casas Grandes está fuertemente ligada con la de la zona arqueológica ocal, conocida como Paquimé, en Chihuahua. Perteneciente a la cultura homónima, fue un importante centro religioso y de comercio prehispánico, caracterizado por sus construcciones de adobe. Cuando los exploradores españoles llegaron a esta tierra, preguntaron a los indígenas nativos jumas cuál era el nombre del lugar. Aunque respondieron que Paquimé, los conquistadores estuvieron impresionados por la altura de las construcciones que llegaban a los siete pisos de altura. Ergo, decidieron rebautizar a este sitio con el nombre que tiene en la actualidad: el de Casas Grandes.

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A pesar del paso del tiempo, Casas Grandes ha logrado mantener ese aire místico que sólo el desierto puede proveer. En el Museo de las Culturas del Norte, gestionado por el INAH, podrás descubrir más acerca de la antigua Paquimé.

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¿Qué más hacer?


Eso no significa que la zona arqueológica sea lo único que puedas disfrutar en Casas Grandes, pues hay mucho más. Un ejemplo de antigua arquitectura virreinal es la Hacienda de San Diego, donde te fascinarás con la historia del lugar. A unos pocos kilómetros de distancia del Pueblo Mágico se encuentra la comunidad de alfareros de Juan de Mata Ortiz. Este centro de artesanía local es el principal productor de piezas de cerámica en esta parte del estado de Chihuahua.

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Puedes también ir al Arrollo de los Monos, un sitio con vestigios arqueológicos de las culturas Hohoka, Mogollón y Anasazi. Finalmente, si lo tuyo es el ecoturismo, puedes viajar a la laguna Rodolfo Fierro, una laguna artificial construida en 1885.