Sobre las calurosas y serenas calles de Juchitán, Oaxaca, es común encontrarse con un gran número de personas vestidas de hermosos huipiles de colores y faldas alargadas. Maquilladas y ataviadas de brillante joyería, caminan orgullosas por el poblado realizando actividades que podrían considerarse sumamente cotidianas: comprar alimentos, visitar mercerías y mirar atentamente todo lo que se encuentran a su paso mientras agitan incisivamente su abanico. Y aunque los visitantes y la población continúen encasillándolas en algún género, ellas y los pobladores de Juchitán saben perfectamente quienes son: muxes.

Un México para todos y de todos

En esta región del sur de Oaxaca, donde la mayor parte de la población habla zapoteco, hay tres géneros. “Hay hombres y mujeres y hay algo en medio, y eso es lo que soy”, dice Felina, un miembro muxe que cambió el nombre masculino con el que nació por el actual. A diferencia del español, en el zapoteco es común dirigirse a hombres y mujeres de una misma manera. Para los muxes, esta forma es similar, sin embargo, llamarles mediante una palabra especifica puede ser difícil para todos aquellos que no están familiarizados con su vida misma.

muxe siendo retratado
Foto: getty images

Para los muxes, ser uno de ellos no depende de la orientación sexual. Es un género cultural, una función social y una identidad, pero no una característica del deseo sexual de alguien. Un muxe puede ser heterosexual, asexual o gay aunque sin que llegue a identificarse como transexual o travesti.

muxes conviviendo
Foto: Jan Sochor-Getty Images

Sin embargo, dentro de la misma comunidad es común encontrar subgéneros como los muxes gunna, los cuales se identifican con el género femenino y las muxes nguiiu, aquellos que se adscriben al género masculino. A pesar de ello, ningún tipo de preferencia les hace perder el estatus muxe.

Muxes de hoy

La historia de este grupo no cuenta con fechas exactas o acontecimientos anecdóticos, pero lo que es cierto es que desde épocas prehispánicas, han sido reconocidos en este lugar. Tal es su arraigo dentro de Juchitán que existe una leyenda local donde se narra que Vicente Ferrer, el santo patrón de la localidad, llevaba tres bolsas con semillas. Una con semillas femeninas, otra con masculinas y otra más donde estaban mezcladas ambas. Se dice que la tercera bolsa cayó en Juchitán, por lo que es donde mayor número de muxes residen.

muxes celebrando una fiesta
Foto: iadb.org

Pero no todo ha sido ni es fácil para los muxes en Juchitán. A pesar de el 6 por ciento de los habitantes de este municipio se identifican como muxes, tuvieron que pasar años para ser reconocidos. Desde burlas, maltratos y violencia, han salido adelante para defender su identidad e importancia dentro de la región.

Los regalos de la vida

Pero más allá del legado sexual e historia con el que cada muxe se identifique, los pobladores han dado su respeto a este grupo por su género social. Y es que, dentro de la comunidad, ellos se hacen cargo del cuidado de los niños, bordan, ayudan en las fiestas patronales y se encargan de las labores del hogar. “Y es por eso que nos hemos ganado el respeto para poder portar la indumentaria de la mujer istmeña”, dice un muxe de nombre Mística durante una entrevista. Hay incluso mujeres de la región que señalan que tener un hijo muxe es una bendición para toda la familia.

muxe bailando en una fiesta
Foto: notiamerica.com

Hoy en día, y vestidos orgullosamente con coloridos huipiles y maquillaje llamativo, los muxes salen a las calles. Presumen sus hermosos vestidos y desfilan cada año en la fiesta de la Vela de las Auténticas Intrépidas Buscadoras del Peligro. Esta fiesta es una subversión de las celebraciones de las velas, festividades prehispánicas de la región del Istmo de Tehuantepec. Y aunque el baile, la comida y la bebida sigan presenten en estas tradiciones, lo que ha cambiado son sus asistentes. Personas valientes, orgullosas, fuertes y decididas a defender quienes son: muxes.

Foto: Agencia El Universal

Continuar leyendo: Santuario de Girasoles en Oaxaca para las abejas