Mejor nombre no podría tener esta cuna de palmeras que posa en las desérticas tierras de Baja California Sur. Es un cruce de biodiversidades donde si bien se mira amarillo por el desierto, también se respira el verde de sus palmeras. Este centro de paisajes de fantasía es perfecto para sumergirse en su bello río así como practicar diversos deportes extremos. Estamos en el Oasis de Mulegé, el ojo más cuidado por la naturaleza californiana.

Casa de palmeras

El Oasis de Mulegé se localiza en el pueblo del mismo nombre cerca de la Bahía de Concepción. Fue descubierto durante el año de 1702 por el padre jesuita Juan María de Salvatierra quien intentaba regresa a Sonora. Un año después del primer avistamiento, los religiosos Francisco María Piccolo y Juan María Basaldú llegaron al mismo sitio y fundaron la misión de “Santa Rosalía de Mulegé”. Su nombre deriva del Cohimí, caamancagaleja, un término impronunciable para los españoles por lo que Juan de Ugarte lo llamó Mulegé.

Vista del Oasis de MulegéEste paraíso cuenta con delicado río que corre junto a este poblado donde habitan miles de palmeras que parecen ganarle terreno al desierto. Uno de sus mayores atractivos es la fruta de dátiles, originaria de esta región, la cual es el ingrediente perfecto para preparar un delicioso pan. El Oasis de Mulegé está repleto de vegetación escondida ideal para la práctica de diversos deportes acuáticos. Tales como las canoas selváticas, el buceo de bahía concepción, el snorkel y el kayak.

Vista desde arriba del Oasis de MulegéMuy cerca de este sitio se ubican los vestigios históricos de La Trinidad en San Borjitas, localizados en el corazón del pueblito de Mulegé. Aquí se pueden observar las pinturas rupestres de la zona. Este bello lugar cuenta también con diversas playas como Santispac, Concepción, Los Cocos, El Burro y El Coyote. El lugar dispone de servicios como restaurantes y zonas de hoteles a precios muy económicos y accesibles. Sin duda alguna, nunca esperabas que un paraíso así viviera entre montañas secas y vistas cafés. Así es el Oasis de Mulegé, un lugar resguardado por la vegetación y cuidado por miles de palmeras.

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