Como los grandes secretos de la sierra mexicana, La Aduana es un pequeño oasis en medio de la nada. Las historias y ruinas de este pueblito minero se disfrutan a plenitud y en una enorme calma que pocos lugares del norte del país son capaces de crear. Bienvenido a un sitio donde te olvidarás de todo entre casitas de colores y construcciones antiguas.

Pueblito acogedor

La Aduana se ubica a unos 50 kilómetros de Navojoa y a 120 kilómetros de Ciudad Obregón. Su territorio forma parte de la Reserva de la Biósfera Río Cuchujaqui, un área compuesta de grandes extensiones del desierto sonorense y las selvas sinaloenses. Por esa razón, todos los alrededores de este pueblito se componen de una extensa población vegetal y animal.

La Aduana

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Con sus apenas 5 mil habitantes, La Aduana ha sabido vencer al tiempo y el caminar de la sociedad. En sus calles no encontrarás grandes centros turísticos ni tiendas de lujo. Aquí podrás ver pequeñas casas de colores abrazadas por la calma de los cerros y algunas construcciones tan antiguas como el estado mismo.

Templo de la Virgen de Valvanera

Uno de sus mayores atractivos es el templo dedicado a la Virgen de Valvanera. Esta construcción fue levantada por la comunidad jesuita en el siglo XVII. Sus muros viejos cuentan historias con cada soplido del viento y en sus alrededores emana el pasado de la región. Otro punto obligado en La Aduana es la mina regional la cual fungió como la fuente de riquezas del poblado durante muchos años. No te pierdas de sus espectaculares vistas y observa la maravillosa panorámica.

La Aduana

Empápate del aroma silvestre en sus senderos verdes mientras montas a caballo. No olvides detenerte en alguno de los puestos de artesanías y disfrutar de la comida típica en el único restaurante que existe en la localidad. La Aduana es sin duda uno de esos lugares lejos de lo cotidiano. Un sitio reservado para todos aquellos que buscan perderse en el tiempo y las profundidades de México.