Si no has probado el queso Chihuahua, anótalo en tu lista de “cosas qué hacer ya mismo”, pues esta delicia desde hace muchos años se prepara en Ciudad Cuauhtémoc en manos de los menonitas, una comunidad que arribó a México a principios del siglo XX y que encontró en el estado más grande del país un lugar en donde profesar su fe y mantener sus costumbres de manera libre.

Se caracteriza por su consistencia semidura y forma redondeada o rectangular, según sea el tamaño. Se prepara tanto con leche entera como con leche pasteurizada, siendo éstas las dos diferentes presentaciones del queso Chihuahua. Su producción se divide en tres etapas: la coagulación –que es enzimática, no cocida y prensada–, la deshidratación y la maduración.

Hombre menonita y productor de queso Chihuahua

En suma, el proceso de producción de un solo queso es de 14 días, ya que incluye un periodo de bloqueo y chedarización, así como otro de oreo y maduración. Es justamente esta característica lo que hace tan especial al lácteo. Asimismo, se ha distinguido por ser uno de los productos derivados de la vaca exentos de microorganismos que puedan afectar la salud de los consumidores.

Cabe señalar que en recientes fechas, la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH)  y el gobierno del estado han emprendido una investigación para que este producto realizado en la comunidad menonita obtenga la denominación de origen, con la finalidad de controlar la producción y evitar la competencia desleal que las grandes empresas podrían tener para con este queso.

Se estima que la producción del Chihuahua ascendió en años anteriores a casi 40 mil toneladas, lo que se traduce en ganancias de hasta casi dos millones y medio de pesos, por lo que sin duda es uno de los tesoros que el estado tiene.

Ya sea en un sándwich, con frijoles refritos, fundido o en un pie dulce, no dejes de degustar esta maravilla culinaria que forma parte del gran abanico de las cosas que se producen en nuestro país.