Todos estamos ya casi listos para el próximo 6 de enero, fecha en que se celebra el Día de Reyes. Y no sólo por los regalos o por cuestiones religiosas, sino por un platillo tradicional que se degusta ese día. Nos referimos, por supuesto, a la Rosca de Reyes, de la cual te contamos un poco más sobre su origen.

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Orígenes romanos

Para empezar, la Rosca de Reyes remonta sus orígenes a la antigua Roma, específicamente a las celebraciones de saturnales romanas. Estos festejos eran dedicados al dios Saturno, durante el solsticio de Invierno, para celebrar la llegada de días más largos. Para ello, era común preparar un pan con higos, dátiles y miel, repartido por igual entre los esclavos y plebeyos. Durante el siglo III se empezó a introducir un haba seca en el interior de esta rosca para las celebraciones. A quien le tocara sería nombrado rey de reyes por un corto periodo de tiempo, ya establecido de manera previa.


La tradición de este pan fue sobreviviendo hasta que fue eventualmente adoptada por la religión católica en sus distintas celebraciones. Fue utilizado para representar la Epifanía, es decir, el encuentro de los Tres Reyes Magos con el Niño Dios, Jesús. Quienes, por cierto, no eran ni tres, ni reyes, ni magos, sino sabios astrólogos de Persia probablemente persiguiendo al cometa  Halley.

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La creación de la actual Rosca de Reyes

La tradición de la Rosca de Reyes, llamada Roscón de Reyes en España, llegó a México durante el siglo XVI. Fue traída durante el Virreinato por distintos frailes y su connotación es enteramente católica, al celebrar el encuentro ya mencionado.


El esconder una figura del Niño Dios en la Rosca de Reyes simboliza también otro pasaje dentro del Nuevo Testamento. Este acto simboliza cómo Jesús tuvo que ser escondido de las tropas de Herodes cuando ordenó la matanza de menores.