Las artesanías son más que una simple creación hecha con manos y métodos tradicionales,  son una manera de crear una identidad. Por si fuera poco, cada una de estas elaboraciones resume la forma en la que se mantiene viva la tradición e historia. Por ello, te presentamos la Ruta de las Artesanías de Oaxaca.

Santa María Atzompa


El primer destino en la Ruta de las Artesanías de Oaxaca está a 9 km del noreste de la capital estatal. Esta población se caracteriza  por trabajar con cerámica de barro verde vidriado. Es una tradición que se ha heredado generación tras generación desde hace varios siglos.

San Bartolo Coyotepec

Ubicada a 13 km de Oaxaca capital, su nombre en náhuatl significa “El cerro del coyote”. Es famosa debido a que más de la mitad de su población se dedica a trabajar con barro negro. Esta cerámica es especial debido a su delicado y largo proceso, dando un resultado único y muy bello.

San Martín Tilcajate

Toca el turno de esta población en la Ruta de las Artesanías de Oaxaca. Está a 23 kilómetros y su artesanía más famosa es reconocida por todo los mexicanos y más allá de nuestras fronteras. Se trata de los alebrijes elabroados madera de copal, seres fantásticos y coloridos que nacen de los sueños e imaginación de los artesanos.

Santo Tomás Jalieza

Ahora sigue esta localidad a 27 km de la ciudad de Oaxaca. En definitiva, su artesanía local se deriva de la tradición y talento de las mujeres zapotecas. Aquí puedes comprar textiles y vestimentas utilizados por la gente de esta etnia. ¡Su belleza es única y excelsa!

San Antonio de Castillo Velasco

No se puede hablar de una Ruta de Artesanías de Oaxaca sin mencionar a esta localidad ubicada a 27 km de la capital. Esta región también se caracteriza por sus textiles, pero a diferencia del lugar anterior, aquí lo que brilla es el bordado. Particularmente se elaboran vestidos y blusas con hiloseda y algodón.

Ocotlán de Morelos

La Ruta de Artesanias de Oaxaca finaliza en este pueblo a 30 km; aquí se ve la herencia de Toledo, España debido al trabajo en metal. Los oriundos convierten este elemento en hermosas hojas afiladas templadas a fuego que, posteriormente,  lo transforman en abrecartas, dagas, sables, espadas y armas de guerra; todo con minuciosa atención al detalle.