De las profundidades del Templo Mayor en la Ciudad de México surge un nuevo rostro de este imperio. Se trata del descubrimiento del Templo de Ehécatl, un juego de pelota y el gran Tzompantli. Tres nuevos elementos que confirman la majestuosidad de la gran Tenochtitlán y confirman la vigencia de su grandeza.

Descubrimiento milenario

Los nuevos vestigios del Templo Mayor fueron anunciados el miércoles 7 de junio por autoridades del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).  Se trata de los restos del templo de Ehécatl, dios del viento, del juego de pelota y el gran Tzompantli. Los dos primeros fueron hallados en dos predios de la calle Guatemala. Mientras que el último fue localizado a unas cuantas casas de ahí, en el número 4 de la misma calle.

vista de los vestigios hallados en el Templo Mayor de la CDMX
El Templo de Ehécatl es un edificio de más de 30 metros de longitud dedicados al dios del viento. En tanto el juego de pelota corresponde a un espacio alineado al adoratorio del dios guerrero Huitzilopochtli. También fueron halladas restos de una escalinata por donde debieron ingresar los combatientes a la cancha ritual. De igual manera se localizó el gran Tzompantli, una estructura rectangular sobre la que los mexicas colocaron un conjunto de cráneos humanos. Hasta el momento se han hallado unos 350 cráneos que podrían llegar a una mayor cantidad.

Vista un tunel hallado en los alrededores del Templo Mayor
Los hallazgos confirman las crónicas de los frailes Durán y Torquemada durante su registro del nuevo mundo. Esto también muestra una nueva cara de los habitantes del Templo Mayor como un pueblo combativo y de alianzas cuando era necesario.  Los nuevos elementos se podrán ver próximamente a través de una museografía que adaptará el INAH en colaboración con los dueños del predio. El nuevo edificio tendrá siete pisos que albergará unas 80 habitaciones.

Restos ubicados en los alrededores del Templo Mayor
La ciudad, que perduró dos siglos, entre 1325 y 1521, ha sido explorada durante más de 25 años. Estos trabajos han dado pie al Museo del Templo Mayor, albergue de una inmensa cantidad de hallazgos.

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